Spanish Language Route

lunes, 31 de marzo de 2014

"Los inmigrantes", de Manuel Rivas



           

         No llegan ya los dedos de las manos para contar los muertos en la valla fronteriza del Tarajal de Ceuta y es probable que haya más víctimas en el cementerio de lo invisible. Mientras se producía la tragedia en las alambradas del Sur, se reunían en Cracovia los ministros de Interior de los seis países más poderosos de la Unión Europea. El de España, entre ellos. Leo y releo el despacho de agencia que da cuenta de los resultados de la cita, convocada para reforzar las fronteras europeas, "con el objetivo de mejorar la lucha contra el terrorismo internacional, la inmigración irregular y la delincuencia organizada". No acabo de entender qué pinta ahí la inmigración, emparedada entre el terrorismo y la delincuencia. No es un detalle formal, de redacción de la noticia. Las declaraciones de los ministros van en esa línea, metiendo todo en un mismo saco. Lo único que tiene en común un inmigrante con un terrorista o un mafioso es el ser tratado, cada vez más, como un asunto de policía. La inmigración no es el problema. El problema está en la política mugrienta que ofrece a la opinión malhumorada un churrasco de miedo con la especie picante de una "avalancha" africana. El miedo de verdad es el menú que come el inmigrante. Esas personas no pueden seguir siendo tratadas como alimañas al acecho. Muchas ya están marcadas por las cicatrices de las concertinas que coronan la empalizada. Para el Imperio Romano, Júpiter Término era el dios de las fronteras al que se rendía culto con sangre. La Unión Europea es la principal vendedora de armas a los países africanos y muchos inmigrantes huyen de regímenes o de facciones que utilizan esas armas. Mientras, se han eliminado gran parte de los proyectos de cooperación. Los inmigrantes no son un peligro. En su maleta vacía traen la materia prima que más necesita Europa: agallas y esperanza.

Manuel Rivas, El País, 8 de febrero de 2014




jueves, 6 de marzo de 2014

"Su alteza real", de Juan José Millás



            Lo peor de la infanta Cristina no es que haya olvidado que era dueña de una S.L. tóxica, lo peor es que no se acuerda de quién es ella y, sobre todo, de quiénes somos nosotros. A ver, nosotros somos los que pagamos, por ejemplo, los recibos de los escoltas que en el descanso de las comparecencias le van a comprar un bocadillo. Nosotros la hemos llevado a los mejores colegios y nos hemos ocupado de que su infancia transcurriera en un entorno seguro e idílico: a dos pasos del centro Madrid, como el que dice, pero en medio de la naturaleza. No tenía el metro a la puerta porque disponía siempre de un automóvil excelentemente dotado, cortesía también del pueblo, con un chófer que la llevaba y la traía. Nosotros nos hemos hecho cargo de sus gastos y de los de toda la familia, le hemos regalado prácticamente el palacio de Marivent, donde, si ella quiere, podría hacer noche entre comparecencia y comparecencia.

            Gracias a esos desvelos, de mayor obtuvo un buen trabajo en una empresa solvente. Un trabajo en el que dice: Me conviene ir a Suiza, y la destinan a Suiza sin mayores papeleos, sin que intervengan en el traslado el jefe de Recursos Humanos o el responsable de Personal, sin que los sindicatos digan esta boca es mía. Un trabajo al que acude cuando le da la gana sin que la llamen al orden. Quizá ni siquiera le descuentan del sueldo los días que no va por esto o por lo otro. No nos importa mucho, en fin, que no se acuerde de las clases de flamenco o de salsa pagadas con dinero público: bagatelas, comparadas con lo que llevamos invertido en su formación. Pero nos duele que no se haya enterado todavía de quiénes somos nosotros, usted y yo, que no tenga ni idea de con quién habla cuando se dirige al juez que nos representa y que está intentando reparar las ofensas de que hemos sido víctimas por parte de su alteza real.



Juan José Millás, El País, 14 de febrero de 2014

martes, 4 de marzo de 2014

"Beethoven contra el crimen", de Agustí Fancelli



            El diario StartTribune de Minneapolis informaba hace unos días de una singular iniciativa puesta en marcha el verano pasado en la estación de ferrocarril de Lake Street: programar música clásica por megafonía para combatir la mala vida que allí se daba cita y de la que habían alertado los vecinos. Tras leer el titular, me excité de inmediato con este nuevo poder benéfico de la obra de los grandes maestros que desconocía y recordé que ya Alessandro Baricco, en un ensayo publicado hace unos años, había ponderado las extraordinarias virtudes de este tipo de música en las vacas de Wisconsin, las cuales aumentaban considerablemente su producción de leche si en el establo les era dado escuchar las obras inmortales de Bach, Mozart o Beethoven, según había podido constatar un sesudo estudio científico.

            Pero leyendo el cuerpo de la noticia del diario de Minneapolis fui desengañándome tan pronto como me había exaltado el titular. Resulta que el experimento de la estación se basa en una teoría que nada tiene que ver con la bondad intrínseca del arte de los sonidos, sino con la idea bastante más ruin de que los malhechores habituales no la soportan y tienden a poner pies en polvorosa de allí donde la escuchan.

            Paparruchas, me dije. Pues bien, quizás no tanto. Otras ciudades, como Atlanta o Toronto, realizaron la misma prueba en lugares muy transitados, al parecer con buenos resultados. Una experiencia piloto similar fue realizada en 2003 en algunas estaciones del metro de Londres, y los informes posteriores constataron que los robos habían descendido un tercio y los actos de vandalismo un 37%, en un periodo de 18 meses. Según algunos analistas, la razón de este cambio de comportamiento se hallaría en una inversión de la “teoría de las ventanas rotas” que formuló el sociólogo urbano George L. Kelling, según la cual una ventana rota y no reparada en un edificio actúa como reclamo para que otros bárbaros acudan a romper las ventanas todavía intactas y a partir de ahí a practicar todo tipo de desmanes en una vertiginosa espiral de incivilización. Por movimiento contrario, el orden que inspiraría, por poner el ejemplo mayor, la Novena de Beethoven tendería a actuar como elemento disuasorio en este tipo individuos descentrados. Eso, claro, si se prescinde de La naranja mecánica, donde Anthony Burgess (en la novela) y Stanley Kubrick (en la película) preconizaban justo lo opuesto: la inmortal página del maestro de Bonn inducía a la siniestra banda a cometer sus peores fechorías…

            Sea como fuere, la culta medida adoptada en Minneapolis forma parte de un conjunto de iniciativas que pretenden hacer de su estación de trenes un lugar más vivible y seguro. Entre estas medidas se encuentra mejorar la iluminación, instalar cámaras de seguridad y aumentar la presencia policial, especialmente al atardecer. Que todo ello se produzca acompañado por buena música, no se sabe con certeza qué efectos puede tener, pero es seguro que mejora el humor de los viajeros. Y si encima ahuyenta a carteristas, violadores y otros psicópatas, entonces miel sobre hojuelas.



Agustí Fancelli, El País.com, 21 de febrero de 2012

domingo, 2 de febrero de 2014

"ABC", de Rosa Montero



            Nunca pensé que me tocaría volver a discutir este tema desde tan abajo. Creí que ese nivel básico de debate estaba superado, que era una obviedad, un logro civil comúnmente aceptado. Ese fue mi primer error: todo avance colectivo puede verse amenazado por un impulso reaccionario; no se debe bajar jamás la guardia.

            Así que heme aquí volviendo a teclear, 30 años después, el mismo abecedario elemental sobre el aborto. Y así, repetiré que nadie está a favor del aborto: es siempre un horror, una pena, un trauma. Y, desde luego, no es un método anticonceptivo; de hecho, debemos fomentar por todos los medios el acceso a los anticonceptivos para minimizar los embarazos no deseados (por cierto: a veces quienes más protestan contra el aborto son también los más reticentes a la contracepción). De lo que estamos a favor es de una ley justa que permita el acceso igualitario a una intervención que, además de penosa, puede ser peligrosa. Es evidente que hay grandes desigualdades sociales y culturales; hay personas desprotegidas que no conocen bien los métodos anticonceptivos o no tienen acceso a ellos: por dinero, por prejuicio social, por imposición familiar. Y ni siquiera usando un método adecuado se está a salvo de un fallo: el condón, por ejemplo, solo tiene un 98% de efectividad. Por no hablar de la crueldad de no contemplar la malformación del feto como causa suficiente. Como dice Mónica Arango, del Centro de Derechos Reproductivos, desde 1994 más de 30 países del mundo han liberalizado sus leyes de aborto. El retrógrado proyecto de Gallardón (contestado incluso desde el PP) nos descolgaría del entorno europeo y nos dejaría al nivel de la ultracatólica Polonia y de Malta. Con esta ley se seguirá abortando igual, solo que las ricas lo harán con garantías y en el extranjero y las pobres en una carnicera mesa de cocina. Ya hemos vivido eso.



Rosa Montero, El País, 14 de enero de 2014

miércoles, 8 de enero de 2014

"Ombliguismo nacional", de Federico Ysart



          La incapacidad para mirar más allá de nuestras fronteras centenarias es uno de los problemas mayores que aquejan a los españoles. Algunos, catalanes y vascos sobre todo, lo llevan hasta sus últimas consecuencias; puestos a estrechar horizontes se empeñan en reducir sus ambiciones a escalas provincianas.

            Basta con abrir cualquier medio informativo para constatar lo poco que interesa aquí lo que pueda suceder allí, en el resto del mundo. Por encima de sucesos luctuosos no hay información relevante sobre lo que se cuece, o está por cocinar, más allá de nuestra propia despensa. Y así pasa lo que pasa; las primeras planas se cubren con los absurdos reclamos del encargado de la administración de un gobierno regional, con el “sagrado derecho” al aborto con que los socialistas actuales tratan de tapar sus desnudeces, cuando no con un sinfín de actuaciones judiciales de nunca acabar.

            No es nueva esta pulsión carpetovetónica a mirarse el ombligo. Desde hace poco más de tres siglos el país quedó como hibernado tras el esplendor imperial -en el XVIII ya se hablaba del Siglo de Oro como de algo lejano-, y contadas fueron las ocasiones en que despertó para abrirse a nuevas esperanzas y perspectivas; la de 1931 concluyó fatalmente, y parece que algunos se empeñan en cerrar la abierta en 1977.

            Este país, como todos, necesita salir de sus casillas, como se salió en 1492, fecha que para algunos marca el comienzo de la mundialización, ahora llamada globalización. Viviendo y formando parte del nacimiento de una gran federación de Estados europeos, que eso es la UE, no podemos seguir cuestionándonos nuestro propio ser como si el mundo terminara en España –o en Cataluña, que aún es menos-. La tarea está afuera, y tenemos tantos títulos como el que más para participar en ella desde la primera línea.

            El desafío es mirar más allá, en el espacio y también en el tiempo. Porque esa cuarta dimensión de la que comenzó hablando Einstein, la del tiempo, es hoy tan real como las de la geometría euclidiana. La eliminación de muchas fronteras, físicas y culturales, está significando una nueva noción del tiempo. Hoy, en nuestro mundo occidental, el futuro se hace presente con mayor celeridad que el pasado dejó de serlo. Ignorarlo, perder el compás, es la vía segura al cretinismo y/o a la reacción, y en ella estaremos mientras no levantemos la mirada más allá de nuestro ombligo.



(“El blog de Federico Ysart”, ABC, 8 de enero de 2014)

martes, 26 de noviembre de 2013

Las lenguas de España: origen y evolución. Variedades del español actual.






1. Origen y evolución de las lenguas de España


           La situación lingüística en la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos estaba caracterizada por la presencia de una serie de lenguas dispersas: el tartesio (sur de Portugal y oeste de Andalucía), el ibérico (este de Andalucía, todo el Levante y parte de Aragón), el vasco (llegó a ocupar el actual País Vasco español y francés, Navarra, La Rioja y gran parte de los Pirineos), el celtibérico (centro de la Península) y el lusitano (Portugal). También influyeron el fenicio y el griego por las colonias que se establecieron en las costas peninsulares y por la actividad comercial que mantuvieron en ellas. Algunos topónimos:
·        Celtas: Segovia (Segovia), Segontia (Sigüenza), Alcovindos (Alcobendas, “corzo blanco”), etc.
·        Fenicios: Gadir (con los romanos, Gades; y Qadis con los árabes), Malaka (Málaga), Ebusus (Ibiza), Hispania (que significa “tierra de conejos”), etc.
·        Griegos: Lucentum (Alicante), Rhode (Rosas), etc.
                       

                        Principales pueblos prerromanos de la Península Ibérica

            Tras la imposición del latín, a partir del año 218 a.C. (en el que comienza la ocupación romana), se produce una unidad lingüística que se mantendrá durante la época visigoda y se destruirá a partir de la invasión de los árabes (año 711), que traerá consigo el surgimiento de una serie de núcleos de resistencia cristianos, en el norte de la Península, en los que se producirá la fragmentación del latín, hacia el siglo X. De esta fragmentación se originan cinco dialectos latinos: gallego-portugués, astur-leonés, castellano, navarro-aragonés y catalán, a los que se une el idioma vasco, superviviente de las lenguas prerromanas. En la zona de dominio árabe también se produce una derivación del latín, conocida como mozárabe (hablada por los cristianos que permanecían fieles a su fe en territorio musulmán), que fue desapareciendo al compás del avance de la Reconquista, con la que se iban imponiendo las nuevas lenguas habladas en los reinos cristianos del norte (castellano y catalán, principalmente).

                       

                        Situación lingüística en la Península Ibérica en el siglo X
(http://www.cultureduca.com/leng_penin_formac07.php)

            La importancia política del reino de Castilla hizo que el dialecto castellano tuviera la posibilidad de expandirse más que el resto de las derivaciones peninsulares del latín. De hecho, el astur-leonés y el navarro-aragonés se quedaron estancados como dialectos y no llegaron nunca a adquirir la categoría de lenguas, mientras el catalán, impulsado por la reconquista aragonesa, pudo extenderse por gran parte de la franja mediterránea oriental. Tras la independencia de Portugal del reino de León (mediados del siglo XII), el dialecto gallego-portugués se divide y termina dando lugar a dos lenguas diferentes.

                       

                                    Situación lingüística en la Península Ibérica en el siglo XIII
(http://www.cultureduca.com/leng_penin_formac07.php)

 2. La lengua castellana


            Tenemos que situar el nacimiento de la lengua castellana en un núcleo geográfico que abarca parte de las actuales provincias de Cantabria, La Rioja, el norte de Burgos y el sur de Álava. 

                        Nacimiento y expansión del castellano

            Las primeras manifestaciones escritas se encuentran en las llamadas glosas emilianenses, de finales del siglo X, que son breves comentarios en lengua romance escritos en los márgenes de manuscritos latinos. Su nombre se debe a que fueron escritos en el monasterio de San Millán (Emiliano) de la Cogolla, en La Rioja. Estas glosas sirven de testimonio de que el castellano ya se hablaba en aquel tiempo.

Glosas emilianenses
(http://perso.wanadoo.es/angel_cobos/ruta_castellano/la_ruta_del_castellano.htm)

            Desde el siglo XII encontramos literatura escrita en castellano (el Cantar del Cid), que refuerza la lengua en el camino de su consolidación, producida gracias al avance de la Reconquista y a la expansión del reino de Castilla. El primer gran impulso que se le da al castellano llegará con el rey Alfonso X el Sabio (siglo XIII), quien promoverá su uso como lengua oficial, al emplearla para los documentos y las leyes,  y contribuirá a su empleo como lengua literaria, sobre todo por medio de la Escuela de Traductores de Toledo, donde un grupo de sabios conocedores de las lenguas cultas orientales y clásicas vertían al castellano numerosos textos. Alfonso X se preocupó también de aspectos ortográficos, léxicos y sintácticos.
            Al unificarse los reinos de Castilla y Aragón con el matrimonio de los Reyes Católicos (1469), la reconquista de Granada el 2 de enero de 1492 y el descubrimiento de América el 12 de octubre del mismo año se hizo posible la expansión del castellano fuera del reino de Castilla. La fortaleza del Imperio español hará posible que la lengua, unida a él, se convierta en la más importante e influyente de aquellos tiempos. A su consolidación contribuyó Elio Antonio de Nebrija con su Gramática de la lengua castellana (1492), la primera que se escribe de una lengua vulgar.


Primera página y prólogo de la Gramática de Nebrija

            En los siglos XVI y XVII (los Siglos de Oro) el castellano experimentará un gran crecimiento como lengua de cultura, gracias a las obras de algunos de los más grandes escritores de nuestra literatura, como Garcilaso de la Vega, Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo o Calderón de la Barca. Será también en este periodo cuando se publique el primer diccionario de nuestra lengua: el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) del toledano Sebastián de Covarrubias.


                    

Portada del Tesoro y retrato de Sebastián de Covarrubias
http://www.uv.es/lepinet/Lexicografia.htm y http://www.castillalamancha.es/biblioclm/assets/exposiciones_virtuales/covarrubias/vit_otras/vit.html

            El siglo XVIII supondrá otro de los grandes momentos del castellano, al fundarse la Real Academia Española de la lengua (RAE), en 1713, institución que velará por su unificación, corrección y desarrollo, según manifiesta su lema: “limpia, fija y da esplendor”. La RAE llevó a cabo la publicación de tres obras fundamentales: el Diccionario de Autoridades (1726-1739), que confirma el uso de cada palabra con breves textos de algunos autores que la han empleado en sus obras y que sustenta gran parte de su esqueleto en el Tesoro de Covarrubias; la Ortografía (1741) y la Gramática (1771). A partir de la RAE se puede decir que el castellano (que ya por entonces empieza a ser llamado con más frecuencia español) queda casi fijado en su forma actual; desde entonces tan solo se han ido realizando pequeñas modificaciones, fundamentalmente ortográficas (aunque también léxicas) que han culminado con la última revisión, llevada a cabo en común con todas las academias de la lengua española del mundo, en la Ortografía de la lengua española (2010).

                    


Diccionario de Autoridades (siglo XVIII) y portada de
la última edición de la Ortografía (2010)
(http://es.wikipedia.org/wiki/Diccionario_de_autoridades)

            El español es hoy en día una de las lenguas más habladas en el mundo, junto al chino y el inglés. Es la lengua oficial de dieciocho repúblicas en Centroamérica y Sudamérica: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. También es lengua cooficial, junto al inglés, en Puerto Rico, y se habla cada vez más en algunos estados del sur de los EE.UU., como California, Texas, Arizona, Florida y Nuevo México, o en ciudades como Nueva York, Los Ángeles o San Francisco.

3. La lengua catalana


            El catalán surge de la evolución del latín en el nordeste de la Península, a través de la expansión del reino de Aragón durante la Reconquista. Se habla en Cataluña, islas Baleares, gran parte de la Comunidad Valenciana, algunas zonas del nordeste de Aragón y del sureste de Francia, Andorra y la ciudad de Alguer, en Cerdeña, lo que supone una cifra en torno a unos siete millones de hablantes. Entre sus muchas variantes dialectales tienen una especial relevancia el valenciano y el balear.
            Uno de los textos más antiguos escritos en lengua catalana es las Homilies d’Organyà, fragmento de un sermonario para la predicación del evangelio, que data de finales del siglo XII. En el XIII ya destaca la figura del mallorquín Ramon Llull, que será el primer autor relevante que use el catalán como lengua literaria. En este siglo y durante el XIV, la lengua catalana experimentará uno de los periodos más ricos desde el punto de vista de su expansión y de su uso literario, pero será el XV el periodo más importante de la literatura catalana, principalmente gracias a la obra de tres autores valencianos: Jordi de Sant Jordi, Ausiàs March (poeta muy influyente en la tradición hispánica posterior, por ejemplo en Garcilaso de la Vega) y Joanot Martorell, autor del libro de caballerías Tirant lo Blanc (1490), una de las cumbres del género, traducido tempranamente al castellano en 1511 y considerado por el cura del pueblo de don Quijote “el mejor libro del mundo”.



Primera página del Tirant lo Blanc
(http://meloussa.wordpress.com/2011/03/08/identidades-y-sentimientos-ii/)

            Tras el esplendor de esta edad de oro valenciana, llega el periodo de la Decadència, que abarca los siglos XVI al XVIII, donde la imposición del castellano como lengua común del imperio relega el catalán al uso meramente familiar. Los Decretos de Nueva Planta, promulgados por el rey Felipe V a comienzos del XVIII, transformarán España en un estado centralizado y contribuirán a esa decadencia de la lengua.
            La Renaixença, propiciada por el auge de las nacionalidades en el siglo XIX, hará que el catalán recupere poco a poco su importancia como lengua literaria. Es el momento de autores como Santiago Rusiñol o Joan Maragall.
            En 1907 se funda el Institut d’Estudis Catalans, pero el siglo XX verá un nuevo episodio en la historia de represiones en el uso del catalán, tras la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura franquista. A la muerte del dictador (1975) y con la promulgación de la Constitución Española de 1978, la lengua catalana se hace cooficial junto al castellano en las zonas de su influencia. Hoy en día está presente en las instituciones y, además de un gran desarrollo literario, ha experimentado un auge en su uso en los medios de comunicación, tanto escritos como audiovisuales.

4. La lengua gallega


            Nace en el noroeste de la Península, en los territorios que formaron la provincia romana de la Gallaecia y el posterior reino medieval de Galicia. Actualmente se habla en la comunidad autónoma de Galicia y en algunas zonas limítrofes del norte de León (el Bierzo), Zamora y Asturias, con un número de hablantes cercano a los dos millones.      El gallego procede directamente del gallego-portugués, dialecto del latín que se dividirá en dos lenguas diferentes tras la independencia de Portugal en el siglo XII, aunque la unidad lingüística se mantiene casi hasta el siglo XV y da como resultado el momento de mayor riqueza literaria, con las cantigas de la lírica galaico-portuguesa, entre los siglos XII y XIV. El propio rey de Castilla, Alfonso X el Sabio, veló por el uso del gallego-portugués como lengua propicia para la poesía y escribió, él mismo, las Cantigas de Santa María, que recogen alabanzas y milagros de la Virgen.


Ilustración del códice de las Cantigas de Santa María
(http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cantigas_Santa_Maria.jpg)

            Ya independiente del portugués, el gallego seguirá un camino similar al del catalán, con un periodo de decadencia entre los siglos XV y XVIII y un resurgir en el XIX, conocido como el Rexurdimento, en el que destacará la figura de la poetisa Rosalía de Castro con su libro Folhas novas (1880). Tras este momento glorioso, la guerra y la dictadura conducen a la lengua gallega al mismo olvido que a la catalana, aunque a finales de los años cuarenta del siglo XX aparecen algunos autores que escriben en gallego, como Castelao (uno de los padres del nacionalismo gallego), Celso Emilio Ferreiro o Álvaro Cunqueiro. Tras el franquismo, la Constitución de 1978 consolida también su importancia como lengua cooficial junto al castellano. Por esas fechas, la Academia da Lingua Galega procederá a la normalización de la lengua fijando las normas ortográficas y léxicas que le son propias. Son muchos los autores que hoy en día escriben en gallego, como es el caso de Manuel Rivas o Dario Xohán Cabana, quienes cultivan tanto la poesía como la novela.

5. La lengua vasca


            Se ha discutido mucho acerca del origen del vasco, lo que ha llevado a plantear algunas hipótesis: según algunos estudiosos procedería de las lenguas caucásicas que se hablan entre Rusia y Turquía, cuya antigüedad se remonta a algunos milenios antes de Cristo, y según otros procedería de las lenguas bereberes del norte de África. Lo único indiscutible es que el vasco es una de las lenguas prerromanas que se hablaban en la Península a la llegada de los romanos. La zona de influencia de la lengua vasca se reduce en la actualidad al País Vasco (fundamentalmente las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa), el noroeste de Navarra y el llamado País Vasco francés, con un número de hablantes que oscila en torno a un millón, y cuenta con varios dialectos.   
            Los textos más antiguos escritos en vasco se encuentran, como sucede con los del castellano, en las glosas emilianenses (si exceptuamos ciertas inscripciones en epitafios del siglo II d.C). No se conservan, empero, restos de una tradición literaria en vasco hasta los poemas del sacerdote navarro Bernat Dechepare, publicados en 1545, con la conciencia, por parte del autor, de ser el primero que lleva a la imprenta un texto en esta lengua.
            Durante los siglos XVI y XVII se publicaron traducciones de textos religiosos y obras de esta temática (catecismos, vidas de santos, tratados teológicos), pero no será hasta el XVIII cuando se inicie la preocupación por preservar el vasco y estudiarlo desde un punto de vista filológico, de lo que son fruto la gramática y el diccionario que redactó el jesuita Manuel Larramendi (1690-1766) y la defensa de la lengua y de su uso en la enseñanza promovida por el vascofrancés Joanes Etxeberri (c. 1668-1749).

 



Portada del Diccionario de Larramendi y retrato del autor
http://www.euskomedia.org/aunamendi/85863

            En 1918 se funda la Euskaltzaindia, Academia de la Lengua Vasca, que se plantea como reto la unificación lingüística, necesaria a causa de la enorme dispersión de las variantes dialectales, y establece el llamado euskera batua (vasco unificado), que será la base del idioma que actualmente se habla y se usa en las instituciones y medios de comunicación vascos, sobre todo a partir de la Constitución de 1978 que consideró el vasco lengua cooficial en sus territorios con el castellano. Este deseo de unidad se compatibiliza con el respeto a los dialectos, que enriquecen la lengua viva de los hablantes vascos.
            Durante el siglo XX se ha dado un gran impulso a la literatura escrita en vasco, con autores como el poeta Gabriel Aresti, Bernardo Atxaga o Unai Elorriaga.

6. Variedades del español actual

6.1. Dialectos históricos del latín


            Las zonas del norte de la Península en las que surgió un dialecto del latín que no llegó a consolidarse como lengua han conservado, en mayor o menor medida, el uso de algunas formas concretas que muestran diferencias con el castellano.
            El astur-leonés, más tarde leonés, mantiene ese uso minoritario en los territorios del principado de Asturias y en parte de las provincias de León y Zamora, con algunos restos aislados en otras provincias fronterizas como Cantabria y Salamanca y zonas del norte de Extremadura. Destacan de manera especial una serie de hablas aisladas que se conocen como bable y que se dan sobre todo en Asturias. Entre sus rasgos más definidores podemos destacar: los masculinos terminados en –u (quesu por queso), la colocación del artículo delante de un posesivo (“La mi casa”), el mantenimiento de la f- inicial del latín (fíu, hijo) o los diminutivos en –in, -ina (santina).
El viejo navarro-aragonés de la Edad Media se considera casi desaparecido, y, en su lugar surgió la llamada fabla aragonesa, que se mantiene hoy en día en determinados núcleos de los valles pirenaicos, muy influido por el castellano. Destacan los siguientes rasgos: conservación de las consonantes oclusivas sordas del latín (p, t, k) en posición intervocálica (pescatero, por pescadero), mantenimiento de la f- inicial latina (filo, por hilo), diminutivos en –ico, -ica (mañico), etc.

 

6.2. Dialectos del castellano


            También la Reconquista propiciará el surgimiento de las principales variantes dialectales del castellano, que se va expandiendo al compás del reino de Castilla. La lengua que llega a las zonas más meridionales se verá influida y modificada por otros factores lingüísticos imperantes en los territorios que se van incorporando. Los principales dialectos que surgen son los siguientes: andaluz, extremeño, murciano y canario. Debemos considerar, junto al extremeño y al murciano, el manchego. Los tres son dialectos de transición, muy influidos, como veremos, por el antiguo asturleonés y por el catalán, según los casos. El andaluz y el canario, unidos a las hablas de Hispanoamérica, comparten rasgos y conforman el conjunto dialectal más importante del castellano.


Principales áreas dialectales del español actual
(http://es.wikipedia.org/wiki/Dialectos_del_castellano_en_Espa%C3%B1a)


  • El andaluz es el dialecto con mayor número de hablantes. No se consolidará el uso del castellano en esta zona hasta el final de la Reconquista, en 1492, a pesar de que comienza a usarse en determinadas áreas desde el siglo XIII. Esta tardanza hará que el dialecto andaluz reciba una fuerte influencia del árabe, lengua que predominaba en el sur de la penínsua. Al ser Andalucía una región muy extensa, debemos distinguir diversas variedades dialectales que contribuyen a subrayar la falta de homogeneidad del andaluz. Entre los rasgos fonéticos más característicos del dialecto andaluz destacan el seseo (seresa, por cereza), el ceceo (zandía por sandía), el yeísmo (yave por llave), la aspiración de consonantes (hiho, por hijo; ehtudio por estudio), confusión entre r y l (farda por falda) o la pérdida de la d intervocálica (convidao por convidado, venío por venido).
  • El extremeño tiene, como dijimos, rasgos del antiguo dialecto leonés, ya que durante el siglo XIII ocuparon Extremadura caballeros leoneses y castellanos. Por el sur recibe, asimismo influencias del andaluz.  Entre sus rasgos destacan el yeísmo, la tendencia a la aspiración o pérdida de la s a final de sílaba (loh niñoh), la aspiración de la j (añeho por añejo) o la relajación y pérdida de la r a final de palabra (muhé, por mujer). En el plano morfológico son normales los diminutivos en –ino, -ina, como chiquitino o chiquitina.
  • El murciano recibe influencias del aragonés, del valenciano y del andaluz, al encontrarse en una zona de transición. Sus rasgos coinciden a menudo con los del resto de dialectos (aspecto este muy común entre todas las variedades, como estamos viendo). Es el caso de la aspiración de la s a final de sílaba o de la j. En zonas rurales se produce una relajación de consonantes intervocálicas, en casos como caeza por cabeza o piazo por pedazo. También se produce el yeísmo, más marcado en las ciudades que en el medio rural.
  • El canario es un dialecto que recibe una fuerte influencia del andaluz, ya que los primeros pobladores de las islas, tras ser conquistadas por Castilla, procedían de Sevilla. También se ve la huella de las hablas de América y la herencia guanche. Entre sus rasgos tenemos que destacar los que son comunes con el andaluz, como el seseo, el yeísmo o la aspiración de consonantes finales. Morfológicamente se da el uso de ustedes como tratamiento de confianza, en lugar de vosotros o vosotras, y en el léxico es muy habitual la presencia de americanismos (guagua por autobús) o guanchismos, por sustrato de la lengua de los primitivos pobladores de las islas, los guanches (gofio, harina de maíz).

lunes, 25 de noviembre de 2013

San Juan de la Cruz: "Otras canciones a lo divino de Cristo y el alma". Ejemplo de alegoría



Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.

Que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.

Y dice el pastorcito: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!

Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido de ellos,
el pecho del amor muy lastimado.